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Aikido y cultura Japonesa

Por Ariel Pérez

Primera parte

Trataré de explicar algunos conceptos que están implícitos en el aikido, pero que normalmente no se hablan de ellos o son enseñados de forma confusa. Cuando uno comienza la práctica por primera vez, es muy normal que está todo centralizado hacia las técnicas, los controles lances etc. De hecho los esquemas de clases están apuntados a eso, pero a medida que uno avanza en ese aprendizaje, se nos enseña otros conceptos que nada tienen que ver en una primera impresión con el aikido y sus técnicas.
Esos conceptos que más tienen que ver con lo que sería la etiqueta del dojo, otros como cierto verticalismos, respeto por los profesores y compañeros, y otros que nos manifiestan oralmente o que uno escucha por casualidad en alguna de las conversaciones entre profesores, pues todo tiene que ver realmente con el aikido y las artes marciales, sólo que uno las aprende de forma desordenada o sin una explicación clara que hace que se menosprecien en su real importancia.
La idiosincrasia propia del pueblo japonés tiene mucho que ver con los códigos que se desarrollan en la época dorada de los samurais. Bushido literalmente significa: guerrero – señor – camino, es el camino de los nobles combatientes que realizan a lo largo de su vida, entendiéndose do (camino), como la práctica día a día en su sentido más profundo y amplio de la palabra.
Esta última palabra do, es la característica fundamental que hace a los samurais especiales, donde el espíritu y carácter particular de esta clase guerrera expresan las características de la raza nipona.
La clase samurai a lo largo de sus años de constantes guerras y su centralización en el poder, desarrollaron códigos morales que no fueron escritos y se enseñaron de generación en generación oralmente. El origen exacto de estos códigos son difusos, pero su pleno desarrollo con la participación de la clase militar en el poder, hicieron que estos se convirtieran en la esencia del pueblo japonés.

El largo período de guerras hizo que los samurais tuvieran una posición privilegiada, además de que el combate era su oficio y por lo tanto eran una clase totalmente rudo y de fuerza brutal, donde los débiles y tímidos eran eliminados.
Así como en todas las profesiones se dictan reglamentos, códigos o leyes para unificar criterios o prevenir abusos; los samurais que constantemente estaban en guerras, y a veces aliados con otros clanes, desarrollaron reglas comunes de conducta.
Estas reglas de conducta no sólo tienen que ver con la cortesía o los modales, si bien éstas forman parte del comportamiento de los samurais, hay un significado trascendental en las reglas de conducta que tiene que ver con las virtudes y cualidades que dignifican al ser humano.
Cuando vivir o morir es parte de un azar del día a día, con la incertidumbre de si es hoy o mañana el día de nuestra muerte, hace que vivamos nuestra vida haciendo lo correcto. No querremos terminar mal una discusión con un ser querido, porque tal vez ya no lo veamos más, no dejaremos cosas inconclusas, porque nunca más podremos terminar. Ese era el pensamiento que día a día estaba en la mente de un bushi, pensar en la muerte hora a hora, día a día, por siempre.
Pensar en la muerte de esta forma no es de poca cosa, desarrollar el suficiente temple de espíritu es un trabajo arduo y que debe comenzar desde muy temprana edad.
Todo este fuerte desarrollo ético y moral que se produjo en la época bélica de Japón, fue llevando poco a poco a marcar la idiosincrasia del pueblo nipón. Para explicar la singular personalidad del pueblo japonés y sus distintas disciplinas artísticas, marciales o no, hay que explicar por lo menos las más importantes de las características y cualidades de los códigos que manejaban los samurais.
A) Los Valores del Samurai:
En primera instancia hay que aclarar que cada uno de estos códigos, creados y desarrollados por los samurais, revalorizan al ser humano en sus mejores cualidades, lejos está de mi pretender decir que los samurais era una casta perfecta y que no existía la corrupción o aquellas cualidades de baja estirpe. En todas las culturas han existido y existirán los oportunistas y malos intencionados. Pero los distintos valores que explicaré a continuación junto con otros códigos son los que hacen al samurai ideal para su fin último que es la guerra y servir a su señor.
Los primeros valores de los que podemos hablar y que están todos muy relacionados entre sí, son, el Deber, la Honestidad, la Fidelidad o Lealtad, y el Honor. Si bien cada uno tiene su significado individual, el conjunto hace a la integridad humana, y para un samurai son inseparables. El Deber tiene que ver con la responsabilidad, con lo que es justo o lo que es lógico y racional. Nunca tiene que ser lo conveniente para uno, sino con lo que es correcto, no es fácil de distinguir, si no se practica con asiduidad. Un ejemplo muy sencillo del deber, puede ser una tarea asignada, pero un poco más interesante es poder hacerla con obstáculos e imprevistos que dificulten esta tarea, y aún así se hace lo que se debe hacer. Esta tarea no sería un gran ejemplo, ésta ha sido impuesta por alguien, y el deber está motivado externamente. El tema está cuando el deber hay que cumplirlo y no hay nadie que lo supervise, como encontrar dinero y que uno podría localizar a su dueño y devolverlo, estando en una situación de carencia. Todos saben lo que hay que hacer, pero no todos lo hacen, y en esa situación, en la soledad decidimos hacer lo que es correcto, estaríamos cumpliendo con el deber.
No muy lejos del deber aparece la honestidad o la sinceridad, una mentira o el engaño era considerado de cobardes, y por lo tanto la veracidad era de grado superior. Así la palabra de un bushi tenía tal peso, que una promesa era generalmente hecha y mantenida sin compromiso escrito, el otorgamiento de un papel hubiera sido denigrante para la dignidad de un samurai. No obstante no se comprometían deliberadamente, y pensaban muy bien cada uno de sus compromisos, porque sabían que cuando daban su palabra, hacían todo por cumplirla.
Estos dos valores no eran nada sin un objetivo, y éste era la fidelidad, la lealtad para con su señor, uno de los más importantes y difíciles de mantener. Desarrollar la fidelidad comienza con los propios padres y la familia, ser fiel en donde la relación con los padres es armoniosa, y que siempre nos han dado amor y afecto, es muy sencillo. Pero mantener una relación con padres desinteresados, que siempre se están quejando y criticando nuestros actos, y aún así mantener la fidelidad y lealtad, podremos confiar en que este bushi no traicionará a su señor en la situación más crítica de la batalla.
Si bien hasta ahora estamos hablando de valores individuales, éstos están siempre interrelacionados y unidos, así vemos que la fidelidad tiene que estar unida al deber, porque ser fiel implica hacer lo correcto y ser responsable. Una anécdota muy interesante, grafica hasta que punto llevaban la fidelidad para con su señor.
Era muy normal si un señor mataba a otro, ya sea en batalla o por derrota u otro, que también eliminara a todos sus descendientes varones, para evitar una posible venganza en el futuro.
El hijo de un samurai, aún niño, fue salvado y refugiado en un monasterio, custodiado por un maestro fiel al padre del niño. El señor que había matado al samurai descubrió el paradero del pequeño, y dieron aviso al maestro que irían a buscarlo, así el maestro desesperado por salvar al hijo de su señor, buscó, inútilmente, entre sus alumnos, uno que se le pareciera. Dos días antes de la fecha estipulada, un nuevo alumno se presentó, prácticamente idéntico al hijo del samurai. El maestro habló con su madre, y cuando llegó el señor feudal, éste sin darse cuenta, le fue entregado el alumno nuevo en reemplazo del hijo verdadero del samurai. Este era el extremo que podía llegar la fidelidad por un señor, no sólo la de entregar su propia vida, también la de sus hijos, si fuera necesario.
Hemos visto valores del código samurai, que son parte de la integridad humana y de un alto estirpe; uno de los más famosos de la sociedad japonesa, es el honor. Muchos suicidios y muertes se han cometido en nombre de esta palabra o porque ha sido ofendida.
Para el samurai el honor tiene que ver con un sentimiento de vergüenza para con uno mismo. La vergüenza por no haber podido cumplir con un deber, con una misión o una promesa, o la palabra dada. El honor es una de los sentimientos más nobles, que a mi parecer han desarrollados los samurais, porque es el sentimiento que de alguna manera mueve o estimula la voluntad de hacer lo correcto. Pero es uno de los más difíciles de desarrollar, el ser humano, sobretodo el occidental, puede no perdonar a otro se humano, pero así mismo se lo perdona todo, sus mentiras, sus incumplimientos, sus debilidades…
Es por esto que la incorporación del sentimiento de honor, comenzaba desde muy pequeño, se amenazaba a los niños que por tal cosa se burlarían de ellos, tocando el punto más sensible del corazón de las criaturas. El miedo al deshonor se encontraba suspendido sobre la cabeza de todo samurai, y este terror, frecuentemente revestía una forma mórbida, al menor insulto o un insulto imaginario, el samurai inmediatamente estaba desvainando su sable.
Un ciudadano sin mala intención advierte a un bushi que una pulga había saltado sobre su espalda y acto seguido éste ciudadano fue partido en dos, por la simple y ridícula razón de que las pulgas viven sobre los animales, y era un insulto compararlo con uno. Aunque existían este tipo de abusos, no eran bien visto, ya que un samurai debía tener autocontrol y paciencia.
Otros de los valores apreciados por los samurais son, la bondad o la piedad, la humildad y la paciencia. Aunque los samurais, eran vistos como hombres recios; el amor, la magananimidad, la simpatía y la piedad eran parte de sus sentimientos, de hecho eran los que daban cabida a un líder o un señor. Erróneamente a lo que se cree, que los vasallos seguían a su señor por autoritarismo puro, cuando en realidad era por decisión propia.
Al igual que la relación entre maestro y alumno, el maestro no lo es si el alumno no lo elige, y el alumno no puede serlo si el maestro no quiere enseñarle. Uno es, gracias al otro, por ello a este sentimiento se le une la humildad, tanto del señor/maestro como la del vasallo/alumno.
La humildad en algunos lugares se lo relaciona con la pobreza o la carencia, algo de esto hay en la relación maestro-alumno. El alumno tiene hambre de aprender, está abierto a todo lo que su maestro le dice, a elaborarlo y asimilarlo, así como el vasallo aprende y está atento a cómo su señor resuelve las cosas, dado su experiencia y sabiduría.
Pero para el maestro es tan importante como la de su alumno de mantener esa humildad, es la que evitará cometer los menores errores posibles como educador, sabrá escuchar y conocer lo que su alumno necesita aprender. Un gran maestro de la esgrima japonesa un día recibe a un joven que estaba dispuesto a aprender el arte de la espada, el maestro lo recibió e inmediatamente lo puso realizar todas las actividades de su casa, limpiar, cultivar, etc. Éste joven estaba muy decidido, y fue así que lo aceptó, pero ya pasado un año, y sin aún haber aprendido nada de la técnica del sable, propuso a su maestro que ya estaba listo para aprender las técnicas con la espada. El maestro estuvo de acuerdo y le encomendó que siguiera con sus quehaceres, sólo que ahora el maestro sin previo aviso y tomando por sorpresa al joven, cuando éste estaba limpiando o cultivando, lo golpeaba con algún objeto. Ahora no sólo tenía que cumplir sus obligaciones diarias, aparte tenía que soportar los golpes que su maestro le daba. Luego de un tiempo y enfurecido decidió hacer lo mismo para con su maestro, cuando éste en algún momento estuviera distraído lo golpearía con algún objeto. Fue así que durante la cena el maestro fue a servirse arroz, y mientras abría la tapa de la olla, el joven aprovechó la oportunidad y se lanzó contra él con un bastón, el maestro con un movimiento muy simple y ayudándose de la tapa de la olla desvió el golpe que el joven le asestaba, de ésta manera el joven aprendía lo que su maestro trataba de enseñarle, y el maestro le dijo que ya estaba listo para aprender la técnica del sable, porque había aprendido que antes que la técnica la actitud era lo primero que debía desarrollar, ya que sin ella su técnica no serviría de nada.
Esto demuestra un poco, como un verdadero maestro atento a su alumno sabe lo que debe enseñarle, y como debe transmitírselo.
Cada una de estas cualidades que tenían que ser concretadas, necesitaba de la valentía del samurai, el espíritu de audacia y la resistencia a soportar el dolor. A veces cumplir con el deber, implicaba morir si hiciera falta o mantenerse con vida.
Alimentar esta virtud se hacía desde niño, alimentando el entusiasmo con aventuras y hazañas militares con grandes héroes. También se les entrenaban el carácter con duras pruebas, desde tener que ir a media noche al lugar donde se encontraba algún decapitado y dejar una prueba de su presencia, hasta enviarlos descalzos en pleno invierno a casa de sus profesores. De esta forma lograban templar el espíritu, de tal manera que en el fulgor del combate se mantuvieran fríos, guardando el dominio de sí, despreocupados de lo que pudiera ocurrir.

 

- Segunda Parte -